Cuando cambias del colegio al instituto son muchas las dudas que se abren en tu cabeza. La primera, cómo responderán los compañeros. Yo llegaba de un colegio de monjas a un instituto de enseñanza pública y la verdad es que acudía en mis primeros días buscando la protección que me habían dado allí los compañeros y los profesores. Me pillaron con la guardia baja. Menos mal que en clase había algunas de las amigas con las que más relación tenía en el colegio. Uno de los principales problemas fue que mis padres, en un alarde de originalidad, me compraron una mochila de Nintendo. Era aquella la época en la que veían la luz las primeras videoconsolas, las pequeñas y las más grandes. Y a nosotros nos gustaba mucho jugar a Súper Mario. La mochila no era fea. Era llamativa, como se dice en Motril, cantosa. Tenía la palabra Nintendo en mil colores escrita sobre fondo negro y arriba del todo, un letrero mucho más grande en letras blancas y plastificadas. Un alarde de originalidad. Una oda al 'métete conmigo que voy de novata pardilla'.
Y efectivamente. Cuando llegas al instituto, todo es cambiante. Tanto mis compañeros como yo estábamos de nuevas. Cada uno de un colegio diferente, con sus gustos y colores. Y lo que no se puede hacer es ir provocando con una mochila de Nintendo. El paso de la puerta fue el primer trago. Yo tenía en aquellos entonces el pelo cortísimo, estaba un poco gordita (bueno, un poco no exactamente) y era madridista radical, de las que llevaban en la carpeta una fotografía del equipo en lugar de poner a Alejandro Sanz, que era el que más pegaba en las listas de la radio. Ese fue el primer punto. Además, no quería saber nada de los chicos. Estaba resentida con ellos porque en mis clases particulares de inglés en el Centro Británico había uno que se pasaba la hora entera lanzándome trozos de goma de borrar y kikos.
Cuando me senté en mi mesa, en la clase de 1ºF, dejé la mochila en la tabla y empezaron las risas y los "mira a esa con su mochila de Nintendo" que venían de los bancos de atrás. No entiendo qué era lo que tenía para llamar tanto la atención, pero no hay duda de que fue el top ten de las novedades raras que aparecieron en aquella aula. Mis compañeros me miraban, es cierto, continuamente. Ya tenían su blanco perfecto. La novata, gordita, que además estaba un poco cortada porque procedía del cole de las monjas.
Llevé la mochila de Nintendo algo más de una semana. Luego me di cuenta de que me preguntaban por Súper Mario, Luigi y toda su caterva con la risa en los labios. De videojuegos que yo ni conocía. Es cierto que algunas noches, si habíamos hecho los deberes y nos habíamos portado bien con las verduras en la cena, mamá nos dejaba una hora con la consola. Jugábamos mi hermana y yo a menudo a cosas de dos simultáneos y lo pasábamos muy bien.
Claro que eso, ellos no lo sabían. La verdad es que lo pasé un poco mal en el periodo de adaptación del colegio al instituto. Me aferré a mis amigas de siempre, que habían caído en mi misma clase. Poco a poco a ellas empezaron a interesarles los chicos, como era normal, y a intentar quedar con el que más les gustaba de las distintas clases. Yo estaba avergonzada porque no me atrevía a mirar a ninguno a los ojos y mucho menos a hablar con él porque pensaba que en seguida iban a meterse con mi mochila de Nintendo o la foto del Real Madrid que llevaba en la carpeta. Fui haciéndome con un grupo de amigos que más o menos estaban a pie cambiado como yo, por eso han pasado los años y seguimos juntos, siendo los mejores compañeros, aquellos que se conocieron en un aula durante el año de adaptación de la escuela al instituto.
Ay, Berta, lo que me he reído leyéndote! Yo tampoco recuerdo con demasiado cariño los primeros días de instituto... Veníamos muy protegidas de nuestro querido Santo Rosario y llegar allí, donde me sentía prácticamente un número, me descolocó. Algunos días fui contigo, nos llevaba tu padre en coche... acostumbradas al colegio a dos pasos, el instituto estaba lejíiiisimos.
ResponderEliminarY no me acuerdo de tu mochila de Nintendo... a mí lo que me impactaba era una carpeta tuya en el colegio: "Zamorano, el chileno volador". Nada de horteradas tipo New Kids on the Block, by Superpop, lo más del momento. Ésa era nuestra Berta!
Los recuerdos de infancia y adolescencia siempre son entrañables, los cuentas con sencillez y sensibilidad especiales, te felicito, que agradable leerte...
ResponderEliminar...jajaja....bueno...siempre es un paso "amargo" cambiar de colegio y más cuando es de uno de monjas al instituto....yo...para más "inri" encima venía de Granada así k no conocía a nadie......eso sí.....no llevaba mochila de nintendo y creo k pasé bastante desapercibida !!!
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