lunes, 10 de marzo de 2014

Dice la luna al despertar

Dice la luna al despertar
vete corriendo a descansar
y el Sol muy contento se marcha a dormir
salen las estrellas y se ponen a reír. 

Si lo has leído con música y una media sonrisa en la cara es porque estabas sentado a mi lado en la clase de quinto del colegio Santo Rosario de Motril. Quizá fue la clase que mejor recuerdo de aquel maravilloso año. Marilú nos tenía a todos encandilados con sus ideas, aunque también nos horrorizaba pensar en la cara que pondría si algún día dejábamos los deberes sin hacer o nos escapábamos al patio de recreo el día que nos dejaba castigados sin salir.
Era una clase de música de esas que ahora se quieren eliminar del programa de estudios para los más pequeños de un modo incomprensible. Pero bueno, le hice promesa a mi santa madre de que no iba a hablar de política en mi blog y voy a cumplirlo.
No recuerdo cuántos éramos en el aula. Sí que antes estábamos más niños por clase y que mi promoción era la primera de las Dominicas que admitía varones también. Eran pocos y a menudo les dábamos algo de miedo. Estábamos colocados según la estrategia de Marilú. Ella tenía unas normas muy especiales para distribuir a los alumnos. Los que usábamos gafas, en las primeras filas, daba igual si veías mejor de cerca o de lejos. Siempre al principio. Los más revoltosos al lado de uno más aplicado al que, generalmente, luego le explicaban educadamente que dejara de ser un poquito menos repelente si no quería ver menguar su bolsa de canicas, que era nuestro tesoro más preciado.
A Marilú le gustaban mucho los juegos de voces. Por eso, un día se decidió a experimentar con nosotros y nos explicó que había un modo de cantar en el que si empezaba un grupo y luego otro le seguía, tras muchas repeticiones, las voces se encontraban. Aquello que nos parecía magia, digna de la película del Caldero Mágico, comenzó a volverse real. Nos daba la señal y empezábamos. Los de la primera fila siempre con un poco de miedo de quedarnos solos con esa voz horrenda de preadolescente que daba algo de miedo.
'Dice la luna al despertaaaaar'. Aquí comenzaban los de la segunda mitad de la clase, separados unos de otros por una barrera de mochilas multicolores. Al final, aquello parecía una jauría desbocada de gatos en celo, pero a ella le gustaba el resultado.
No supe exactamente si en algún momento coincidimos los que empezamos la estrofa con los que la terminaron, pero eran unas clases divertidísimas.
También había un radiocasete surgido de la nada más absoluta, con una maquinaria simple y algo anticuada, en el que sonaba una cinta de música con la voz de la monja que mejor cantaba del colegio entonando las canciones que llevaríamos a la Misa de la semana. Acompañando su voz el inconfundible sonido de un diapasón y el gorjear de unos pájaros. Dedujimos, al poco tiempo, que estaría grabada al lado de la jaula enorme que daba vida y color al patio de recreo.
Ahora miro al cielo y la luna despierta pasadas las siete y media de la tarde. Puntual como ella sola, enviando al sol a casita, a dormir. Me siento tentada de empezar la canción, pero miro a mi alrededor y no veo mis primeros asientos repletos de niños con gafas, los problemas de aquellos a los que les costaba más avanzar y el sonido de los pájaros y el diapasón acompañando al 'Perdona a tu pueblo, Señor'. Aunque, también pienso, ha sido una suerte vivirlo tan intensamente.

2 comentarios:

  1. ......y además de verdad....un inmensa suerte haberlo vivido y habértelo pasado así de bien viviéndolo y volver a pasarlo bien contándonoslo!!!

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  2. Yo estaba contigo en aquella clase... y efectivamente he leído los versos recordando la música. No sabes cómo te agradezco que me los hayas traido a la memoria... para cantárselos a Claudia, que se los va a aprender de momento (le encantan las canciones de la luna).
    A mí Marilú siempre me mandaba sentarme al fondo del aula, por alta... Qué recuerdos!

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