Dicen que cuando el mar se levanta y las olas son tan grandes que te tapan las estrellas, hay una figura impasible que aguanta estoica la ira de Neptuno. Los faros siempre aparecen en medio del agua para guiar, detener el impacto del golpe con la fuerza de su estructura y convertir cualquier envite en una suave caricia de espuma.
Una madre es eso. Cuando estás perdido, no sabes a quien acudir, qué hacer con os golpes que merman y a veces dueles, emerge del infinito y te mira con los ojos prendidos de Luz. No hay miedo, aquí estoy.
Probablemente por eso, porque ya cuando nación dos luceros ornamentaba su rostro, fue que Luche quiso ponerle Luz. Y poco a poco empezó a escribir en mi historia con letras doradas.
Mi madre siempre ha sido mi héroe, a veces esa persona que tenía que insistirme para que estudiara (cuando empecé a ir al instituto pasé por mi peor época James Dean 'rebelde sin causa' que ella supo templar), luego para que fuéramos felices. La infancia es la época de la vida en la que quedan para siempre impresos en la memoria los buenos momentos. Quiso que la nuestra fuera inolvidable y adoptó el paraíso terrenal, Torrenueva, para que pudiéramos expresar y sentir la libertad.
Por el Paseo Marítimo corrimos, montamos en bicicleta, leímos cuentos, hicimos castillos de arena, nos peleamos, nos perdimos, nos escondimos, comimos helado... y todo bajo su amparo.
Cuando has vivido al lado del mar sabes que ese olor a salitre se va a convertir en uno con tu alma y que no podrás nunca olvidarlo ni separarte de él. Lilí siempre ha sido muy marinera. De ella guardo ese amor por el azul inmenso.
Fue nuestra hada madrina, nuestro regalo del cielo. Construimos junto a ella un castillo de esperanzas. Ahora sigue igual. Nada ha cambiado. Si acaso, alguna arruguita de esas que cercan los ojos, dibujadas por el lápiz de tanta risa.
......como dice el refrán..."madre no hay más k una" y has tenido la suerte de k sea de las BUENAS
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