domingo, 1 de febrero de 2015

Mucho Motril

Yo era de las que, como el 99% de los alumnos de mi colegio, estábamos literalmente enganchados a la serie de Campeones, la de Oliver y Benji, vamos. Acababan de llegar las televisiones privadas a Motril y en mi casa no podíamos sintonizar el canal en el que la ponían (no recuerdo bien, pero puede que fuera en Telecinco, que por aquellos años no cotizaba en Sálvame ni Belenes Esteban). Por eso, cuando terminábamos los deberes, íbamos andando al final de la calle donde vivía mi tía Carmen, que a menudo nos sacaba galletas para merendar, y allí veíamos la serie. Luego, al día siguiente, era más divertido comentarla con los amigos a la hora del recreo.

Mi padre no la vio nunca conmigo, porque a esas horas él estaba trabajando, pero sí que notó que me sentaba a su lado bastante a menudo para seguir los partidos de Liga. Él no es que los viese todos, pero a su Real Madrid jamás se lo perdía. Yo empecé a plantarme en su sillón, y le pedía que me explicara cosas como el fuera de juego o el significado de las tarjetas (estuve mucho tiempo creyendo que si te sacaban una de las rojas, el árbitro te daba a elegir entre la falta y la tarjeta. no preguntéis por qué, Yo también lo veo absurdo). Por supuesto que él no me dio opción. Escogí seguir a los blancos y me interesaba por lo que él llamaba 'las jugadas de pizarra' y que en los dibujos animados también salían pero de otro modo. Le pregunté por el tema de la 'Catapulta infernal' "¿Y qué es eso?". "Pues que uno se agacha y llega otro y salta en su espalda y remata de cabeza". Creo que aún  está riéndose. "Ahora tienes que ver menos la serie de los Campeones y centrarte conmigo en el fútbol de verdad".

Y tanto me centré que un día le pregunté: "Papá, ¿y en Motril hay algún equipo de fútbol, que esté jugando la Liga que sea?". De este modo terminé una tarde en la puerta del Escribano Castilla, el antiguo, el de tierra. Mi padre y yo solíamos salir a andar azuzados por mi madre por la zona que había detrás de casa. ¡Teníamos que ponernos en forma que el Michelín no es bello!, como decía él. Allí recorría un sendero de piedras con ortigas por los laterales que a él le encantaba y yo odiaba porque siempre acababa con picaduras de planta por las piernas. Una tarde decidimos que no iríamos a ese camino infernal y comenzamos a subir por las calles motrileñas. Sin saber cómo, porque no `pregunté, llegamos a la puerta del campo. Tenía unas rejas y mi padre me dijo "Si te ves capaz, súbete y le echas un vistazo, ahí es donde el Motril CF juega la Liga". Y yo, como buena y obediente hija, trepé un poco, lo que mi barriguita me dejaba y conseguí ver a un hombrecillo entrañable que venía corriendo. "¡Bájate de ahí, chiquilla, ¿no ves que es peligroso y te puedes caer y abrirte la cabeza?! ¡Que la ambulancia sólo viene los días que hay partido!".

El hombrecillo llegó a la puerta y mi padre me dijo: "Mira que te lo he advertido, que no subas por ahí". En medio de este desconcerto paternofilial, decidimos que nos íbamos a abonar. "Tu abuelo fue presidente del club y el primero que dijo eso de Mucho Motril que tanto has escuchado", me contó. Algunas semanas más tarde, yo tenía ya en mi poder el abono. Justo detrás del banquillo, en la segunda fila. El hombre que vino a por mí cuando trepé aquella verja por orden paternal aunque después me desdijera, se llamaba Fausto, era el utillero del club y una de las personas más queridas. Desde mi asiento de abonada ví pasar las temporadas, viví ascensos y descensos. Mi padre quiso hacer creer a un argentino que jugaba en el equipo que yo era su mayor fan y no dejaba de decírselo cada vez que salía a calentar (siempre comenzaba los encuentros en el banquillo) y algo parecido también le aseguró a Sandro, ex del Real Madrid que vino a jugar al Escribano Castilla con su club aunque estaba lesionado y se sentó a nuestro lado. ¡Para quise más! Su ego por las nubes y mi cara como la camiseta del Osasuna.

Supe de la existencia del Motril CFF, vamos, el de las chicas. Entré a formar parte de él pero nunca llegué a debutar en el de fútbol 11 (sí en fútbol sala) porque el entrenador quería que perdiera los kilos que me sobraban a fuerza de correr la banda, para arriba, para abajo. ¡Y lo consiguió! Ahora, que más de fútbol lo que hice fue atletismo puro y duro. Un desengaño.

Los años pasaron y por fin conseguí que mi padre me llevara a un partido al Santiago Bernabéu. Fue el Real Madrid contra el Tenerife, el mismo año que los blancos perdieron la Liga en las islas en la última jornada. Luego también estuve viendo el choque contra el Zaragoza, el debut de Alfonso Pérez que saltó al campo en sustitución de Emilio Butragueño, que era mi ídolo.

Poco a poco me fui desenganchando. Seguramente la culpa la tuvo la marcha de mi padre al reino de los ángeles. Nos mensajeábamos cuando yo estudiaba Educación Física en Granada para decirnos quien había marcado los goles del Madrid. A él le hacía mucha gracia cuando lo conseguía Guti, porque yo profesaba una enorme manía hacia este futbolista y sólo ponía en el texto: "Gol de tu Gutiérrez" y el minuto en que lo hubiera marcado.

Ya no suelo ver fútbol. Antes apenas lo hacía ya. Perdió por completo la gracia de aquellos años, la emoción,el gusanillo en la barriga. Ahora es mi marido el que comenta los partidos en el Carrusel Nacional de Radio Marca. Lo que son las cosas. Conociéndole, seguro que mi padre se cuela en la cabina, se sienta a su lado y no pierde detalle. Especialmente cuando los que saltan al campo son los jugadores de su Madrid.

1 comentario:

  1. ....jajaja...me he reído mucho leyéndote....me parecía estar viéndoos x un agujerillo!! jajaja....y tb me has sacado alguna lagrimilla k otra.....muy bonito,Berti....me ha encantado

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