martes, 14 de octubre de 2014

Primera toma de contacto

Pues hala. Ahí está. En una cunita de metacrilato mirándome fijamente. Su padre le coge la manita y le dice: "Hola, Adrián... ¡soy papi!" una y otra vez. El bebé se digna a mirar de reojo. ¿Qué está pasando? Hace algunas horas flotaba en un líquido calentito, en el que no tenía que preocuparme por nada. Ahora, de repente, me veo en un espacio en el que respiro, manoteo y no doy contra nada... busco por todos lados algo que llevarme a la boca y la gente se inclina en la cuna y pone voces raras, como deformadas tras aspirar elio de un enorme globo de gas.

El mundo exterior es eso. Y la primera noche, comenzaste dejando tu sello. Yo no podía ni dormir no doblarme hacia ningún lado. Me dolía horrores la cicatriz. Mi hermana me lo dijo: "Pues ¿cómo no va a dolerte? Si es que se llama cesárea pero es una operación". Le ví que empezaba a apretar y avisé a su padre. Su primera caca. Bueno, caca no. Era una cosa negra que se había extendido por su espaldita, trepando por el inmaculado body blanco de bebé.

"No puedo moverme, te toca cambiarle", le dije. Empezó a hacer acopio de toallitas y colocó un cambiador desechable encima de la cama de acompañantes. Adrián estaba un poco confundido, pero no podía dormirse con esa plasta de dimensiones interplanetarias pegada en el culo. Al poco de quitarle el body fuimos conscientes de la realidad. Él más que yo. A mí me la iba radiando. Por algo es locutor de los de micro en mano y onda media. No podía reírme. Se lo decía. Me duele si me río. No te cuento nada para que te rías, es que las cosas son así y nuestro bebé está retozando encima de esta cosa negra como si fuera una croqueta.

Esa cosa negra era el meconio. Hasta el nombre lo tiene feo. Es la primera caca que hacen los bebés nada más nacer y, claro, Adrián no era consciente de nada de eso. Simplemente le gustaba mover las piernecillas con sus enormes pies de nadador profesional al aire, dando patadas a ninguna cosa, buscando con las manos un sitio al que asirse. Al poco, mi marido había terminado ya con los paquetes de toallitas Dodot que el matrón nos había regalado en dos canastillas publicitarias mientras estaba en la sala de dilatación, imagino que para tenernos entretenidas. Luego, comenzó a pedir más toallitas y gastamos parte de las que llevamos a la clínica. Fue una experiencia que viví en segundo plano, allí los protagonistas fueron ellos. Adrián no lloró nada de nada y yo lloré de la risa, por más que me doliera la herida.

Estas primeras experiencias fueron forjando el contacto entre nuestro bebé y su nueva familia. Un niño es más ajetreado que una jornada de elecciones en un periódico. Quien no sea periodista o no conozca el ambiente de trabajo de una redacción, no se hará a la idea de lo que supone el hecho de que cierren urnas o comience el escrutinio. No parar. Pues esto es lo mismo. Bibe, dormir, la madre tiene media hora para ducharse, o arreglarse mínimamente para verse guapa en los espejos de casa porque, por lo menos en mi caso hasta que la cesárea no cierre del todo, la calle la piso poco, luego bibe de nuevo... el ciclo sin fin.

Ahora, eso sí. Es un ciclo que no te da más que alegrías, porque luego cuando le ves acurrucado después de haber llorado por cualquier cosa circunstancial, por el hecho de ser bebé, y se acurruca en tu pecho, hace la ranita, parece que va a despegar... se te olvidan las ojeras, las malas noches y otras visicitudes.

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