Cuando terminé de estudiar Periodismo en Granada, era monitora de natación en la piscina de Arabial a tiempo completo. Por las mañanas los adultos y ya por la tarde, grupos de niños hiperactivos persiguiendo a su seño con tablas azules que lanzar siempre certeramente o reclamando un poco de atención ante el desalmado que le había hecho alguna ahogadilla. A mí eso me gustaba, pero no me llenaba. Durante mis años de carrera había aprendido muchas cosas, todo de manual porque apenas si había tenido tiempo para disfrutar de las prácticas que realicé en Canal 21 y en Onda Sur Motril. Disfrutaba imaginándome escribiendo sobre las cosas más dispares. Estudiaba por las mañanas y trabajaba por las tardes para pagar, mensual y religiosamente, la letra de 72 euros de mi flamante Twingo morado.
Una noche, me senté delante del ordenador, ultimé los detalles del currículum vitae y envié el documento a todas las direcciones que encontré (incluida la Casa Real, que fue de las pocas que me contestó agradeciéndome mi interés por servir a España y al Rey. En serio). Continuaba mis jornadas con los niños, cada vez más complicado porque con la proximidad del verano se incrementa de modo considerable el número de padres que demandan al monitor-milagro que sus criaturas aprendan a nadar para poder ellos disfrutar de unas horitas de arena en paz.
Una tarde, en la que esperaba la llamada de mi hermana para decirme que Nora, la cocker spaniel que vivía en casa y que se volvió un poco 'crazy' con el paso del tiempo, había salido exitosamente de la operación para sacarle una espiga de trigo de la oreja, sonó el móvil. Como el socorrista ya estaba avisado y yo le daba clase a mayores, les dejé unos segundos para atenderla. No era ella ni le habían terminado de sacar la espiga a la perra. Era la subdirectora de El Faro de Ceuta. Me quedé sorprendida. Una de sus redactoras se marchaba en unos días y necesitaban cubrir su plaza urgentemente. Me hizo mucha ilusión, le dije que de primeras sí, pero que por la noche le daría la contestación. ¿Ceuta? ¿Qué sabía yo de Ceuta? Estaba en el norte de África. Poco más.
Llegué a casa nerviosa, le conté a mi madre lo que me había pasado aquella tarde y, como era de esperar, porque ella siempre quiere que las cosas que vayamos consiguiendo sean por nosotros mismos, me dijo que aquello era una especie de señal, el momento de dejar la piscina y comenzar una nueva etapa de mi vida. Mis hermanos se quedaron sorprendidos. No dejaban de gastarme bromas al respecto. Llamé a el periódico y dije aquello de 'Sí quiero' que pensaba que jamás diría en el altar.
La incorporación era rápida, dijeron. No tengo experiencia, contesté. De eso nos encargamos nosotros. Hablé con mis jefes de la piscina, les dejé quince días para que me encontraran sustituto. Pensé que las cosas había que hacerlas bien. Investigué en internet. Mi madre estaba más nerviosa que yo, preparándolo todo. Teníamos el Skoda que se acababa de comprar. Qué mejor momento para estrenarlo. Compramos los billetes por Internet. Estaba un poco descolocada. Pregunté si sería complicado encontrar alojamiento. Me dijeron que no, que había que mirar un poco. Reservamos plaza en un hostal llamado Teniente Ruiz que no conocíamos, ni siquiera sabíamos cómo llegar. Una aventura, vamos.
Nos marchamos a Algeciras por la mañana. Mi madre quiso embarcar el coche. Dijo que era más sencillo luego de ese modo ir cargando con las maletas. Me dio un poco de pena, porque además, sentía algo de miedo por lo desconocido. Iba a cumplir un sueño, sí, pero a ver de qué modo.
Mi abuela me dijo que ella tenía allí una familiar de un familiar que se llamaba Oliva. ¿Pero Oliva qué más? No supo qué decirme, sólo me dio un número de teléfono.
La aventura estaba a punto de comenzar. Mi primera vez, el debut como periodista. Mis comienzos más duros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario