Eran tardes de descubrimientos. La casa estaba algo más vacía porque mi madre viajaba a menudo a Madrid preocupada por el estado de salud de mi abuelo, que se encontraba ingresado en el hospital. La historia tiene esas cosas. Por las tardes, mientras mi padre trabajaba en la Farmacia y nosotras salíamos del colegio, se quedaba mi abuela Isabel al cuidado de los que estábamos pululando por ahí y, claro, los deberes se hacían antes y la merienda superaba en número de galletas de chocolate las que mi madre nos preparaba.
En la mesa del salón, esa máquina extraña que había llegado a nuestra casa. No recuerdo cómo, sinceramente, pero imagino que sería algún regalo que el Rey Melchor le dejó a mi padre en sus zapatos de diario puestos al lado del sofá. Se trataba de un ordenador. Un MSX. Observo con mucha atención el HP que reposa en mis rodillas mientras escribo estas líneas y me traslado a aquellos años.
Había que enchufarle un cassette que era antiguo, con varias tomas para los cables de tres colores. Cuando nos interesa recordar, bien que lo hacemos y yo no puedo olvidarme del manejo que teníamos con las clavijas. Mi abuela se sentaba en el salón, paciente, a rezar el rosario o leer el librito de la Virgen de Fátima y vidas de santos que comprábamos a las monjas misioneras del colegio. A su lado, el teléfono verde que tenía una rueda parecida a la noria de la Feria para marcar los números. No quería despistarse por si acaso a alguna se nos ocurría abrirnos la cabeza contra la esquina de la mesa de camilla, algo insólito.
Ella esperaba la llamada de mi padre preguntando cómo nos iba todo y nosotras nos colocábamos delante de la pantalla, por turnos, a indagar. Recuerdo que una de las primeras cosas que descubrí fue cómo borrar la pantalla escribiendo en una esquina:
A:/ CLS (o algo parecido)
Entonces la pantalla se quedaba en blanco, inmaculada. Vaya entretenimiento, pienso ahora. Pero era un increíble mundo de sensaciones. Ese sonido que hacía el cassete cuando le sacábamos el cable del audio, Sonaba como un chirriar informático extraño. Una mezcla entre Matrix y la realidad inventada.
Había varios juegos que nos tenían totalmente enamoradas. El de la serpiente tragabolas 'Arix' del que mi hermana era una auténtica especialista y el de las pirámides. 'Abu Simbel Profanation' era mi preferido. Había que pensar, andar con mucho ojo. Ahora lo miras y lo comparas con los que se realizan, gráficos y demás y ríes recordando como aquello que era una aventura increíble queda plasmado en la retina de quien se fija con atención. Era una pelota de color rojo con piernas, ojos y brazos, que saltaba y pasaba por debajo de gotas venenosas. Apasionante.
Me vino a la memoria este momento porque cuando en el ordenador aparecía el cartel memorable de FOUND ABU SIMBEL, los latidos se aceleraban. Lo he encontrado para Android, que es el sistema que lleva mi teléfono móvil, y no podía creerlo. Claro que ya no es lo mismo que antes, las cosas cambian y el modo de verlas también, pero tengo que confesar que algo se me remueve por dentro especialmente cuando escucho la música que se repite como un bucle en la memoria y en el terminal. Todo es cambiante y distinto. ahora las cosas son mucho más complicadas. Volver a esos instantes en los que, al fondo del salón, se recortaba la silueta de mi abuela Isabel, con su pelo blanquísimo que al contraluz era casi transparente (no son disgustos, son gustos, solía ella asegurar) parece una misión casi imposible. El olor de las meriendas mientras con sigilo nos acercábamos al ordenador (mi madre nos tenia restringido el horario de juegos informáticos y de televisión) son momentos que ya no volverán. Y el ser consciente de ello es lo que hace los recuerdos mucho más mágicos.

Qué tierna la historia, qué fácil resulta cuando niños que un momento aparentemente común se vuelva tan especial y no se nos olvide en la vida. Me ha llamado la atención también lo de la "noria" del teléfono, qué recuerdos de aquella época en que cada cosa era un millón de cosas diferentes con un poco de imaginación. Y qué bueno cuando todavía queda un poquito de aquello :)
ResponderEliminarEs preciosa la idea del blog, ¡me alegro de haber llegado hasta aquí! ¡Saludos!
Muchas gracias. Yo he echado un vistazo también al tuyo. Me gusta. Espero leerte pronto de nuevo. Un saludo
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